A 9 años de los 7 huaicos que sepultaron Trujillo
A pocos días de cumplirse 9 años de los devastadores huaicos que sepultaron de lodo a Trujillo en marzo de 2017, el temor vuelve a instalarse en la población ante el anuncio de lluvias intensas en la costa norte. El recuerdo sigue intacto en miles de familias que lo perdieron todo, mientras persiste una pregunta clave: ¿qué tanto se ha avanzado para evitar que la historia se repita?
El 15 de marzo de 2017, tras una intensa lluvia registrada la noche anterior, la quebrada San Ildefonso se desbordó y provocó el primero de los 7 huaicos que, hasta el 22 de ese mes, inundaron el Centro Histórico y los distritos de El Porvenir, Florencia de Mora y Víctor Larco. El desastre dejó 5,205 familias damnificadas y 3,857 viviendas colapsadas solo en la provincia de Trujillo, evidenciando la vulnerabilidad de la ciudad.
Nueve años después, el riesgo sigue latente
Actualmente se ejecutan trabajos de encauzamiento en las quebradas San Ildefonso y San Carlos; sin embargo, Trujillo aún no cuenta con un sistema integral de drenaje pluvial ni con un ordenamiento urbano que impida la ocupación de zonas de alto riesgo.
La provincia continúa expuesta al recorrido de quebradas como San Ildefonso, El León, San Carlos, Las Cabras y Santo Domingo, cuyos cauces naturales han sido invadidos por viviendas y negocios.

Impacto económico sería millonario
El peligro no solo es social, sino también económico. Según el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial de la Cámara de Comercio de Lima, un Niño Costero de intensidad débil a moderada podría generar pérdidas de hasta S/ 291 millones diarios en siete regiones: Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ica, Arequipa y Moquegua.
Estas jurisdicciones representan el 23.3 % del PBI nacional y el 27.5 % del empleo formal privado, lo que evidencia su peso estratégico en la economía del país.
En el caso de La Libertad, los sectores más golpeados serían:
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Agropecuario, por la interrupción de la producción y los sistemas de riego.
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Transporte, ante posibles daños en carreteras y puentes.
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Comercio y manufactura, por la paralización de actividades.
Además, el calentamiento del mar afectaría la pesca y las agroexportaciones, poniendo en riesgo productos clave como arándanos, uvas y paltas, cuya cadena logística depende de vías que en el 2017 colapsaron.
Una lección que no debe olvidarse
La tragedia de 2017 demostró que el desastre no fue solo producto de la naturaleza, sino también de la falta de prevención, la expansión urbana desordenada y la demora en ejecutar obras.
Hoy, a 9 años de aquellos huaicos, el escenario sigue siendo preocupante. Recordar esta fecha no es solo un ejercicio de memoria, sino un llamado urgente a las autoridades para acelerar las obras de prevención y evitar que Trujillo vuelva a quedar bajo el lodo.
